¿Está tu organismo acidificado?

Nuestro organismo funciona bien cuando las sustancias ácidas y básicas que entran en la composición de los tejidos y líquidos orgánicos están presentes en cantidades iguales. Esto es lo que se llama el equilibrio ácido-base. La unidad de medida del grado de acidez o alcalinidad del cuerpo es el pH. El pH normal de la sangre y del cuerpo en general es de 7,39. Cuando se aleja de este pH ideal, surge la enfermedad.

La acidosis o exceso de ácidos en el cuerpo es la situación que se encuentra con mayor frecuencia en nuestra sociedad, y sus principales causas son:

  • Exceso de alimentos acidificantes.
  • Carencias de alimentos alcalinizantes.
  • Café, té, tabaco, alcohol.
  • Falta de oxigenación (sedentarismo).
  • Carencias de vitaminas.
  • Estrés y actitudes psíquicas negativas (ansiedad, agresividad, rencor).
  • Falta de sueño y agotamiento.
  • Medicamentos.

Los ácidos tienen propiedades agresivas que irritan los tejidos. Para defenderse, el cuerpo intenta neutralizar los ácidos en exceso, extrayendo minerales básicos de la sangre y los tejidos. Cuando las demandas son altas, los órganos y tejidos se desmineralizan, es decir, se debilitan reduciendo nuestras defensas naturales y provocando síntomas como fatiga, depresión, falta de defensas y fuerzas, caries, eccemas, fragilidad nerviosa, gripes, dolores generalizados y un terreno propicio para la aparición de cualquier otra enfermedad.

Alimentos acidificantes:

  • Carnes, aves, embutidos, pescado, mariscos.
  • Huevos.
  • Queso (los fuertes son más ácidos que los suaves).
  • Grasas animales (aceite, manteca, margarina).
  • Cereales, integrales o no: mijo, trigo, avena, arroz…
  • Pan, pasta, y demás alimentos hechos con cereales.
  • Legumbres: caraotas, lentejas, maní, soya, habas.
  • Azúcar blanco, sal refinada, edulcorantes.
  • Dulces en general: jarabes o sirop, pasteles, chocolate, caramelos, mermelada, fruta confitada.
  • Bebidas industriales: refrescos, jugos artificiales.
  • Café, té negro, cacao, mate, bebidas alcohólicas.

     

Alimentos neutros (mantienen el equilibrio entre ácidos y bases):

  • Mantequilla
  • Aceites vírgenes prensados en frío como el de oliva o canola.
  • Semillas oleaginosas: nueces, avellanas,….
  • Agua corriente

Alimentos alcalinizantes:

  • Papa con piel (concha).
  • Hortalizas verdes, crudas o cocidas.
  • Verduras de color (zanahoria, remolacha,…)
  • Maíz, arvejas verdes.
  • Leche (aunque no es recomendable por otros motivos presentados en este blog).
  • Frutas.
  • Almendras, nueces del Brasil, castañas.
  • Dátiles, pasas.
  • Aguas minerales alcalinas.
  • Aguacate.
  • Papelón, panela o azúcar moreno.
  • Hierbas de condimento (perejil, cebollín, orégano, tomillo, pimentón, pimienta…)

No se trata de comer sólo alimentos neutros o alcalinizantes. Un organismo con un pH excesivamente básico o alcalino también es un organismo enfermo, pero esto es mucho más difícil de lograr. Lo ideal es consumir un 30% de alimentos ácidos y un 70% de alcalinos en la dieta diaria.

Aparte del factor alimentario, otras medidas son importantes para alcalinizar nuestro cuerpo, como son: realizar una actividad física con regularidad (caminatas, natación, yoga), manejar adecuadamente nuestras emociones, moderar el estrés y tomar tiempo para el descanso, distracción y diversión.

Una manera de determinar si nuestro cuerpo está acidificado es medir el pH urinario con un papel tornasol. El pH normal de la orina se sitúa en torno a 7. Cuando el estilo de vida y la alimentación son acidificantes, se eliminan más ácidos por la orina y el pH disminuye a 6 o 5.

¿Padeces con frecuencia malestar estomacal?

¿Tienes con frecuencia gastritis o úlceras de estómago?

¿Padeces de estreñimiento, flatulencia o diarrea?

¿Tiendes a padecer contracciones musculares y calambres?

¿Presenta tu piel un color poco natural y poco sano?

¿Sufres enfermedades cutáneas como eccemas, dermatitis?

¿Padeces con frecuencia de dolores de cabeza?

¿Te sientes a menudo con falta de concentración y agotado?

¿Estás a menudo irritado y “explotas” a la mínima ocasión?

¿Te resulta difícil conciliar el sueño o en general duermes poco?

¿Tienes tendencia a estados depresivos?

¿Padeces a menudo dolores en las articulaciones o en la zona de la columna?

Es suficiente con que haya alguna respuesta afirmativa para indicar que tu cuerpo está, al menos de manera transitoria, acidificado. Así que revisa tu estilo de vida y alimentación y realiza los cambios para que regreses pronto a tu estado natural: la salud.

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